martes, 17 de enero de 2012

UNA CURIOSA HISTORIA

Hoy quiero compartir una curiosa historia. Salió publicada recientemente en El País y se hacía eco a su vez de otra información dada a conocer en Alemania. Creo que dice mucho de cómo está hoy en día cierto sector de la sociedad... ahí va, que lo disfrutéis.

Historia real:
Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja.

De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro.

Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta. Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella. Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta.

Dedico esta historia deliciosa, que además es auténtica, a todos aquellos españoles que, en el fondo, recelan de los inmigrantes y les consideran individuos inferiores. A todas esas personas que, aun bienintencionadas, les observan con condescendencia y paternalismo. Será mejor que nos libremos de los prejuicios o corremos el riesgo de hacer el mismo ridículo que la pobre alemana, que creía ser el colmo de la civilización mientras el africano, él sí inmensamente educado, la dejaba comer de su bandeja y tal vez pensaba: "Pero qué chiflados están los europeos".

Rosa Montero en El País.

2 comentarios:

  1. Hola, soy exalumna del colegio, me encanta la labor que estáis haciendo. Lo que más alabo de vosotros es el empeño que ponéis. Y lo que más alabo de los antiguos alumnos es que, aunque pasó tantísimo tiempo y muchos no nos conocemos, en el club de antiguos alumnos somos como una gran familia, y no sólo por las risas que nos echamos, sino porque también nos ayudamos en los momentos bajos. Es increible...pero esto que está pasando entre nosotros sólo lo entiende alguién que haya estado en Armenteros. Nos marcó de una manera tan especial que ahora, con tantos años a nuestras espaldas, nos une de una manera casi vital. Gracias por acercanos a todos. Un saludo

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  2. Muchas gracias Claribel! Y gracias por estar ahí y participar tan activamente en el grupo de Facebook! Seguiremos dando guerra.

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